El Manifiesto Comunista “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”
Un manifiesto es un texto
que busca mover a la acción, transformar una realidad. En ese sentido, el
manifiesto comunista busca rescatar al hombre de la enajenación producida por el sistema capitalista. A partir de los
cambios introducidos por la Revolución Industrial, el hombre que posee la
convicción racional de autodeterminación según su propia conciencia, es decir se
cree libre y dueño de dirigir su propia vida, en realidad se encuentra
esclavizado por el sistema económico y productivo.
Al leer la frase, “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”[1], con la que Marx inicia su texto, podemos por un lado hacer hincapié en el surgimiento de un nuevo orden, el comunismo, y por el otro, detenernos en la palabra fantasma, la cual puede ser interpretada de diferentes maneras, por un lado el comunismo, como algo que viene a subvertir el orden naturalizado, a romper con lo cotidiano y por lo tanto produce miedo. Por otro lado, el fantasma es aquello que es invisible, la invisibilidad de aquello que al ser naturalizado no se lo ve de manera critica. La naturalización es esencial para que aquellos que viven en una situación de injusticia o de opresión no la visualicen como tal y por lo tanto no reaccionen.
La clase obrera es invisibilizada dentro del sistema capitalista, no vemos la situación de explotación estructural a la que está sometida. La explotación consiste en la extracción de plusvalía, es decir que el trabajador se queda sólo con un porcentaje ínfimo del valor de lo que produce siendo que la ganancia se la queda la burguesía.
En un sistema en donde el fin último es la acumulación del capital por el capital mismo, se produce una mercantilización de lo humano: el hombre, el producto de su trabajo, las relaciones sociales son sólo medios para dicho fin, con lo cual también se transforman en fantasmas.
Los fantasmas también generan extrañamiento y lo más peligroso es el extrañamiento del hombre de sí mismo al pensarse sólo en términos productivos, como una mercancía más.
¿Se puede dejar de ser un fantasma? ¿Se puede salir del estado de enajenación y de alienación? Marx responde de forma afirmativa. Lo fantasmagórico de su planteo, que produce miedo y desconfianza por incomprensible, es proponer un orden totalmente nuevo, el comunismo.
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