El proletariado: ¿una clase históricamente revolucionaria?
Por Almeraya Heredia Mariana
Con el advenimiento del capitalismo, es decir, el cambio de modelo económico impulsado por la aceleración del modo de producción industrial, auspiciado por el igual ascenso de la burguesía, era inminente la presencia de una clase antagónica, pues según Marx y Engels, a lo largo del devenir histórico, siempre ha prevalecido una lucha de clases que se transforma nominativamente tomando en cuenta el modo de producción imperante, pero manteniendo la configuración categórica de oprimidos-opresores, explotados-explotadores. En la dicotomía que nos concierne ubicamos, por tal, al proletariado, así como a la ya mencionada burguesía. En dicha dinámica burguesa-industrial, los obreros son vistos como meros instrumentos de trabajo, sin embargo, cuando éstos comienzan a adquirir fuerza y conciencia, son capaces de generar resistencia y hacer estallar revueltas, por ello es pertinente cuestionar: ¿En qué medida y por qué, el proletariado ha sido considerada la clase históricamente revolucionaria por antonomasia?
Para reflexionar al respecto, conviene recurrir a Gramsci, quien dice, retomando a Georges Sorel, que “[...] la revolución proletaria es inminente en el seno de la sociedad industrial moderna [...]”,[1] pues la voluntad de lucha emana de la intención de sentar la libertad popular en medio de un panorama vigorosamente opresor, en el cual los proletarios son la única clase capaz de organizarse masivamente para acabar con el sistema de organización social dominante, ¿debido a qué? A que, a comparación de la burguesía, que como se expone en el Manifiesto Comunista, concentra la propiedad en un número muy pequeño de manos y de particulares para acrecentar su capital, los obreros representan a la masa, al vulgo, a la inmensa mayoría, que al organizarse como clase, principalmente a través de partidos y asociaciones, se dotan, según Gramsci, de cerebro y voluntad, pues: “Los partidos políticos son el reflejo y la nomenclatura de las clases sociales”.[2]
Lo anteriormente mencionado propiciará, hablando en los términos más idealistas, la abolición de las relaciones de propiedad, pues la ya referida disposición del proletariado en clase y partidos, tiene como designio “[...] la destrucción de la supremacía burguesa, conquista del poder político [...]”.[3] En la película Strike, ésto se hace evidente a través de la alusión constante a dicha cuestión, e inclusive al comienzo del filme se expresa que la fuerza de las masas, y por tal, del proletariado, reside en la organización. Así mismo, a lo largo de la cinta se denota que, la defensa de las necesidades y demandas de los obreros, en conjugación con el descontento generado por la incriminación y el maltrato hacia ellos, representan fenómenos que avivan el espíritu de huelga: la individualidad obrera, que el orden burgués niega debido a las máquinas y a la división del trabajo, en cierta medida se reivindica a través del sentimiento de unión y cohesión colectiva.
- Gramsci, Antonio, "Primera parte" en La formación de los intelectuales, México, Grijalbo, 1967, p. 19-58.
- Marx, Carl y Federico Engels, Manifiesto Comunista, s.l., Ediciones elaleph, 2000.
- Strike, dirigida por Sergei M. Eisenstein, producida por Proletkult Production, Goskino, Unión Soviética (URSS), 1925.

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