El siglo XIX, el romanticismo para la creación de Frankenstein y su representación en los bajos fondos
Por Pastrana Lozano Idalia
Para comenzar a indagar acerca
de este tema, que gira entorno y parece perseguir a la figura de Frankenstein, es
necesario saber lo que son los bajos fondos.
¿Qué son los bajos fondos? Los bajos
fondos es un sector de la población, generalmente urbana y pobre, que se
caracteriza por una forma de vida ilícita o reprochable. Son a lo que llamaríamos
los marginados, los perdidos, los miserables y hasta los olvidados.
Sin embargo, en la primera
mitad del siglo XIX, se comienza a hablar de ellos, los voltean a ver, hacen
mención en diferentes aspectos de la vida diaria. Sobre todo, en manifestaciones
artísticas, tales como en la pintura, o bien, en la literatura.
De alguna manera se consagran,
por supuesto que no en un buen sentido, pero son tomados en cuenta, toman un
papel importantísimo dentro de la sociedad, y por muchas obvias razones, las
personas que conforman los bajos fondos son la mayor parte de la población ese
momento.
El siglo XIX y su renovación
Ubicándonos temporalmente, el
siglo XIX trajo consigo un ambiente sociopolítico bastante tenso y con
pesadumbre, es un siglo bastante convulso, lleno de revoluciones que luchan por
diferentes causas, la segunda revolución industrial en su máxima expresión, las
desigualdades que caracteriza siempre a los bajos fondos. Sin embargo, no todo
es malo, también se vislumbran nuevos cambios, por ejemplo, tenemos las nuevas corrientes
literarias.
Así que hablemos del Romanticismo.
El romanticismo es un movimiento artístico y literario que surgió entre finales del
siglo XVIII y comienzos del siglo XIX en Alemania e Inglaterra. Desde allí se
extendió a toda Europa y América. El movimiento romántico está basado en la
expresión de la subjetividad y la libertad creadora en oposición al
academicismo y el racionalismo.
Dentro de las características de romanticismo encontramos:
·Subjetividad. Se exaltaba la subjetividad, los
sentimientos y los estados de ánimo sobre la objetividad y el racionalismo. Se
enfocaron en los sentimientos intensos y místicos, como miedo, pasión, locura y
soledad.
· Imaginación.
·Individualismo. El romántico procura la expresión del
yo, el reconocimiento de la identidad individual, de la singularidad y la
distinción personal.
· Nacionalismo. El nacionalismo fue la expresión
colectiva de la búsqueda de la identidad del individuo. En una época de cambios
vertiginosos, era importante mantener el vínculo con el origen, la herencia y
la pertenencia. De allí el interés por el folclor.
·Redescubrimiento
de la naturaleza. El
romanticismo convirtió al paisaje en una metáfora del mundo interior y una
fuente de inspiración.
·Carácter visionario u onírico. El arte romántico trae a la luz el
interés por los asuntos oníricos y visionarios: sueños, pesadillas, fantasías
y fantasmagorías, donde la imaginación se libera de la racionalidad.
·Nostalgia por el pasado. Los románticos sienten que con la
modernización se han perdido la unidad entre el hombre y la naturaleza, e
idealizan el pasado.
·Idea de genio atormentado e
incomprendido. El
genio del romanticismo es un incomprendido y atormentado. Se le distingue del
genio renacentista por su imaginación y originalidad y, también, por la
narrativa de una vida atormentada.
Pero una
de las cosas más importantes a resaltar, es que surge como contraposición a la
Ilustración y al individualismo que trajo consigo esa corriente filosófica.
Como ya
hemos visto con sus características, uno de los temas más recurrentes del
romanticismo son los temas oníricos, tales como sueños, pesadillas, criaturas
fantásticas, etc., y a su vez, las inquietudes existenciales y sentimientos,
como la melancolía, melodrama, amor, pasiones y hasta muerte.
Justamente en esta parte del texto retomo la figura de Frankenstein. El monstruo es magistralmente representado por la pluma de Shelley, en donde nos deja su obra con tintes totalmente románticos y, sobre todo, retomando esta idea de los bajos fondos.
Se habla de una criatura, creada por un hombre y a este lo aquejan un sinfín de “males para la “época”, su aspecto, su posición económica, su nacimiento, entre otras cosas, lo que la moral de la época dictaba como correcto e incorrecto. Tristemente en él recaía todo lo malo. Como consecuencia de ello, nos encontramos totalmente con un personaje totalmente marginado, triste, con juicios de valor que lo persiguen y que por ende, lo encontramos en los bajos fondos.
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