¿Es posible subvertir el orden capitalista iniciado con la Revolución Industrial?
El texto “En torno a los orígenes de la Revolución Industrial” de Eric Hobsbawn y la película “Tiempos Modernos” de Charles Chaplin constituyen una crítica a la Revolución Industrial, es en este sentido que es importante reflexionar acerca de las consecuencias para el Yo individual derivadas del proceso de industrialización. La revolución industrial vino a cuestionar la existencia de una conciencia autónoma y libre capaz. ¿Es el hombre quien se autodetermina, dirigiendo su vida libremente otorgándole un sentido o es un ser enajenado?
El sistema económico capitalista a partir de la Revolución Industrial se vuelve cada vez más autónomo, ya no es dirigido por el hombre, no es él el que lo dota de un sentido. El ser humano generó un gran aparato productivo del cual es parte, pero al cual no domina. La actividad económica obedece a sus propias reglas y fines, se rige por las leyes del mercado y el fin de la actividad productiva es la acumulación del capital por el capital mismo. El hombre deja de ser un fin en sí mismo y se transforma en un mero medio que tiene como fin producir ganancias materiales, es decir contribuir al crecimiento del sistema económico.
El hombre queda reducido a ser algo útil, un instrumento, un engranaje más del sistema económico. Si bien la burguesía que posee el capital, la tecnología y el conocimiento parece gozar de una posición más favorable dentro del sistema económico que el proletariado, que lo único que posee es su mano de obra, ambos quedan alienados dentro del mismo. Los dueños de los medios de producción son esclavos en tanto que ya no dirigen su vida para la satisfacción de sus propias necesidades y la obtención de bienestar, sino que están al servicio de la acumulación del capital por el capital mismo. Por otra parte, los obreros son reducidos a ser solo una extensión de la máquina. Las personas ofrecen sus conocimientos, sus características de personalidad, sus competencias o fuerza de trabajo a cambio de una remuneración y es el mercado el que establece su valor.
Al comienzo de la Revolución Industrial, el capitalismo fue salvaje, no había limites, no había un marco legal que regulase las relaciones laborales, con lo cual se dieron muchísimos abusos, recién más adelante cuando los obreros lograron organizarse en sindicatos y exigir una serie de derechos las condiciones de trabajo mejoraron. Pero esto puede ser visto también como un perfeccionamiento del sistema para garantizar y a la vez naturalizar la explotación y sometimiento del hombre.
También se da una alienación de las relaciones personales y sociales que son dominadas por las leyes del mercado, el otro es visto como un competidor, como algo que me es útil o como un instrumento para cumplir con una tarea económica, perdiéndose la relación con el otro como persona. También se da una enajenación del producto del trabajo, lo que se produce no se produce con un fin estético o para satisfacer una necesidad humana sino que se produce en tanto tiene un valor que es determinado por el mercado. La acumulación del capital y del conocimiento asociada al éxito y al poder, centrifuga nuevamente al Yo, la persona ya no vale sólo por el hecho de ser persona, sino por factores extra personales, como ser el reconocimiento o la posibilidad de ejercer poder sobre otros.
De alguna forma, tanto Hobsbawm
como Chaplin, a través de una mirada critica del orden capitalista, que genera
una deshumanización, cosificación y mercantilización del hombre, no sólo nos
interpela y nos confronta con la necesidad de reflexionar en profundidad acerca
de las necesidades humanas y del sentido de nuestra existencia, sino que va más
allá y nos hace palpable la situación de enajenación y alienación en la que el
hombre se encuentra inmerso y que limita su capacidad de autodeterminación consciente.
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