Frankenstein compelido a los Bajos Fondos
Los Bajos Fondos no pueden ser reducidos a un lugar, una característica o a cierto grupo de individuos que pertenecen al imaginario social, son el producto de una construcción simbólica sobre la cual la burguesía proyecta sus deseos rechazados, fantasías, miedos, ansiedades y angustias. Sobre dicho constructo se vierten todas aquellas miserias humanas que las elites necesitan negar y ocultar. Son la sombra de la sociedad, producen malestar e incomodidad, ya que vienen a alterar el orden social establecido. A los Bajos Fondos se les asigna un lugar geográfico más bajo y periférico.
A partir del siglo XIX
con el surgimiento del capitalismo lo que no es productivo o útil es algo que
hay que marginar o erradicar. El loco, el vagabundo, la prostituta, el alcohólico, el pervertido, el pobre, el ladrón deben de ser condenados, perseguidos,
encerrados o reformados, para lo cual se crean instituciones, como la cárcel o el
manicomio, que tienen por objetivo volverlos útiles y reinsertarlos en el sistema
productivo.
Al categorizarlos, nombrarlos
y etiquetarlos se les otorga una identidad negativa que al visibilizarlos genera
una sensación de control. Sobre este Otro, la burguesía proyecta su propia
sombra, los propios aspectos no integrados y rechazados y a su
vez se define a sí misma en contraposición
con este Otro ficticio creado por ella misma.
Frankenstein también puede ser pensado como un constructo simbólico
creado por un Otro que lo define como un monstruo, inhumano y bestial. Lo peligroso
de este tipo de categorizaciones es que legitiman el ejercicio de la violencia.
Al despojar al Otro de su humanidad y acercarlo a la animalidad se lo puede
violentar.
La lógica capitalista asocia lo productivo con lo bueno y a su vez le
atribuye un valor estético. Frankenstein como lo deforme, lo sucio, lo enfermo,
lo impuro, lo putrefacto, lo residual, lo grotesco es visto como algo ineficaz,
malo y feo.
Frankenstein al ser tratado como algo peligroso y marginal termina convirtiéndose
en un asesino, de alguna manera la estigmatización de un colectivo y su criminalización
puede llegar a ser una profecía de auto cumplimiento, es mejor identificarse
como siendo de los Bajos Fondos que no siendo nada.
El que pertenece a los Bajos Fondos al quedar marginado del sistema ya
no tiene acceso al mismo. No elige pertenecer a esa categoría y tampoco puede
escapar de ella así como le sucedió a Frankenstein. El sistema necesita de los
pobres, de los criminales, de los enfermos como un recordatorio de que es
necesario esforzarse, trabajar, estudiar para poder reunir el mérito necesario
para no pertenecer a los Bajos Fondos. Así como Frankenstein es la creación del
doctor de su mismo nombre, los Bajos Fondos son una creación burguesa.
Bibliografía consultada:
Dominique Kalifa, Los
Bajos Fondos Historia de un Imaginario, Instituto Mora, México, 2018.
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