Frankenstein y la noción de bestialidad en los bajos fondos

Por Almeraya Heredia Mariana

El término bajos fondos trae consigo una serie de connotaciones de carácter peyorativo y marginal, en tanto se le adjudican atributos considerados socialmente negativos, tales como miseria, prostitución, violencia, vicio, crímenes, pobreza y, para el caso que nos concierne: bestialidad, pues en torno a éste “antimundo” también persiste la idea de lo “bajo corporal” y de lo grotesco, entre lo cual lo bestial tiene cabida, ya que: “[...] es a través de la suciedad, el mal olor y la deformidad, que se manifiestan los bajos fondos”.[1] En ese sentido es interesante que éstos no solamente refieran a sitios, sino también a sujetos y comportamientos, por ello igualmente se asume una capacidad de individualizarse. Así: ¿en qué medida puede Frankenstein engendrar la concepción de lo bestial de acuerdo a los bajos fondos?

Para empezar, la motivación de Mary Shelley para escribir su obra es bien conocida: dar cuenta de quién, de entre los escritores reunidos en la mansión de lord Byron, podía llevar al papel la mejor historia de un monstruo, el cual permitiera exaltar los sentidos y aflorar el miedo de los lectores. Entonces, las reflexiones que la autora escucha entre su esposo y lord Byron sobre la naturaleza del principio de la vida, así como aquellas de Erasmus Darwin y del galvanismo para la restauración de cadáveres por medio de la electricidad, jugaron un papel sumamente importante para la creación de su obra y su personaje. El romanticismo, con su crítica a los límites de la razón, apuesta por lo irracional y lo que toque las fibras más sensibles del público; sin embargo, lo natural, anteriormente mencionado, es comprendido como algo que posee muchísimas intenciones científicas, y, así mismo, se pretende entender su relación con la esencia de lo humano.

Sin embargo, en esa búsqueda de la conquista de la naturaleza y sus derivados, como la vida humana, los individuos pueden pervertir y transgredir el orden natural, llegando al abismo indecoroso de las anormalidades, tal como sucedió con aquel ser creado por el Dr. Victor Frankenstein. Debido a su aspecto físico la criatura fue rechazada por la sociedad, que la concibió como un monstruo, por lo cual no resulta fortuito que hacia el final de la obra se diga que: “[...] ahora la vileza me ha hundido hasta convertirme en una alimaña bestial… No hay crimen, no hay maldad, no hay odio, no hay dolor que se asemejen a los míos”. Así, lo que la sociedad burguesa del decimonónico denomina bajos fondos y concibe como inaudito al no encajar en su prejuicio de orden, de lo tradicional y de lo natural, se margina y se excluye. Dicho rechazo es el que incentiva a la criatura a cometer atrocidades. 

Por ello, en tanto socialmente el aspecto estético de Frankenstein se percibe como repulsivo, éste individuo vive al margen de la misma colectividad que lo odia y lo persigue por existir como un ser traído a la vida de la muerte, quien, por tal, se entiende que corrompe la propiedad natural de las cosas y de lo comúnmente aceptado. No gusta lo diferente, lo que se salga de las normas de la vida social y moral, y en realidad es la sociedad la que decide que aquellos individuos percibidos y catalogados como bestias o monstruos deben separarse para no causar más desbarajustes ni transgresiones.

Referencias:

  • Kalifa, Dominique, "El surgimiento de los bajos fondos" en Los bajos fondos. Historia de un imaginario, México, Instituto Mora-CONACYT, 2018, p. 9-72.
  • Shelley, Mary W., Frankenstein o El Moderno Prometeo, España, Ariel, s.f.
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[1] Dominique Kalifa, "El surgimiento de los bajos fondos" en Los bajos fondos. Historia de un imaginario, México, Instituto Mora-CONACYT, 2018, p. 37.
[2] Mary W. Shelley, Frankenstein o El Moderno Prometeo, España, Ariel, s.f., p. 185.

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