La indiferencia a la cabeza

Por Flores Carrera Reyna 

“La sociedad se divide cada vez más en dos grandes campos opuestos, en dos clases enemigas: la burguesía y el proletariado.”[1] La burguesía es este sector social cerrado que ostenta el poder, y que, por medio de este, se hace de producciones y de los medios, para producir artículos, venderlos en el mercado, y obtener ganancias voluminosas. Se trata de un estrato social que está a la cabeza, y que su único interés es hacerse más rico por medio del trabajo de sus empleados en las fábricas y producciones. Hay una indiferencia por parte de la burguesía que analizaremos  por medio de la película La Huelga.

Este sector “ha establecido una explotación abierta, directa, brutal y descarada”[2] hacia el proletariado, mismo que en la película comienza a ser consciente de su situación, desatándose una huelga tras el suicidio de un compañero. Este suceso los lleva a pensar en sus condiciones de trabajo, y por ello, plantean ciertas condiciones a los propietarios, esperando llegar a un acuerdo que les permita desenvolverse de manera más segura en el trabajo. Pero cuando los propietarios están leyendo las demandas, no pueden evitar decir: ¡Que descaro!

Según ellos, ocho horas de jornada laboral es ilegal, el trato justo solo se daría a los trabajadores que se sometan, y no toman en serio el aumento salarial y la jornada de los menores. En esa reunión, uno de ellos usa una máquina simple para exprimir el limón y dice: “presionas fuerte y obtienes jugo”, pues ellos mismos que han “concentrado la propiedad en un pequeño número de manos”[3], han ejercido tanta presión en los trabajadores, y sabiendo que no hay a donde más acudir en busca de trabajo, saben que se someterán a los tratos y condiciones que ellos impongan.

Cuando uno de ellos ensucia su zapato, toma las peticiones para limpiarse. No mira que tomo. Esa indiferencia es todo lo que le importa la situación laboral de sus empleados: nada. Han reducido todo tipo de relaciones al dinero, ellos son los que ganan dinero sin trabajar, y los que trabajan no ganan. Y, por si fuera poco, se ven inmiscuidos en un ambiente duro, pesado, en donde “el individuo que trabaja está sometido y privado de personalidad.”[4] Se olvida que son humanos, que el poco salario que obtienen, lo tienen que dividir en todos los gastos que tienen pendientes, y por eso, no es suficiente.

Este sector, se ha encargado de exprimir a sus trabajadores, de deshumanizar su labor y de tratarlos como máquinas sin sentimientos, que pueden soportar todo tipo de tratos, accidentes y condiciones. Pero el proletariado no es tonto, ha despertado, se ha revelado, y si bien ha sido reprimido en algunas ocasiones, también ha tenido sus triunfos. El sector burgués muy pocas veces rompe con su indiferencia, pues no es fácil renunciar al privilegio. Es necesario la unión de todo el sistema, para lograr romper la cadena capitalista que se ha impuesto tras la revolución industrial. No se trata de un movimiento nacional, sino que rompe fronteras, invita a todos los obreros, y que se ha desarrollado y mutado a lo largo del tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

·         Gramsci, Antonio, "Primera parte" en La formación de los intelectuales, México, Grijalbo, 1967, p. 19-58.

·         Marx, Carl y Federico Engels, Manifiesto Comunista, s.l., Ediciones elaleph, 2000. 

·         Strike, dirigida por Sergei M. Eisenstein, producida por Proletkult Production, Goskino, Unión Soviética (URSS), 1925.

 

 



[1] Marx, Carl y Federico Engels, Manifiesto Comunista, s.l., Ediciones elaleph, 2000, p.26.

[2] Ibid, p. 29.

[3] Ibid, p. 33.

[4] Ibid, p. 54.

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