Rebeldes con causa: la Revolución Proletaria como un movimiento homogéneo y sin género
Por Matamoros Fernández Ximena
En el momento más álgido de la explotación obrera tras la
Revolución Industrial, saldrán a la luz escritos como el Manifiesto Comunista,
de Marx y Engels, donde se dará cuenta de todas esas injusticias y se hará un
llamado en busca de un cambio. Ahora bien, como sabemos, para los burgueses,
sus trabajadores no eran más que un par de manos que estaban a su servicio, no
importaba nada más, sólo ver resultados que cumplieran con las necesidades que
incrementaban cada vez más debido al capitalismo. Sin embargo, esta tesis
vendría siendo una mentira, puesto que ese par de manos debía pertenecer a un
solo género: el masculino.
Desde el principio
de los tiempos, había sido el hombre quien se encargaba de las labores
trabajadoras, la mujer estaba eternamente ligada a las del hogar y la familia;
claramente en la Revolución Industrial funcionó de la misma manera, y podemos
verlo en la película de Stachka, eran los hombres quienes trabajaban en
los talleres, y por más cansados y sobreexplotados que estuvieran, no se
recurría a reclutar mujeres. Los mismos Marx y Engels aludían a que la clase
trabajadora no estaba ligada al género (Marx y Engels, 2000), pero la realidad
demostraba todo lo contrario.
Curiosamente, dichas revoluciones no estuvieron dirigidas únicamente por hombres, las
mujeres también fueron partícipes de estos movimientos. Muchas fueron las
razones de este género para unirse al movimiento. La sobreexplotación de sus
maridos les traía consecuencias negativas; que el que éstos ya no fueran a
trabajar debido a las huelgas hacía que no llegara el dinero a la casa, y, por
lo tanto, la comida; también empatizaban con el movimiento. Cualquiera que
pudiera ver las condiciones laborales en esa época podría haber estado de
acuerdo en que era algo inconcebible y que debía cambiar pronto, ¿y cuál es un
método que a través de la historia ha demostrado ser efectivo para obtener un
cambio? Pues las revoluciones.
Antonio
Gramsci en su texto, La formación de los intelectuales, menciona que una
parte importante de un movimiento es tener un líder, y ese líder debe
representar los ideales del grupo que lo sigue; un intelectual con la capacidad
de luchar para obtener un fin específico (Gramsci, 1967). El movimiento
anticapitalista no podía estar ligado a un solo género, era una realidad que
afectaba a todos por igual, en mayor o menor escala y de formas distintas, pero
seguía afectando; y no podía seguir así. Fue entonces que las mujeres no sólo
participaron en tales revoluciones, sino que hasta lideraron varias de ellas.
En la misma película de Stachka podemos ver que las mujeres no titubeaban
al momento en que se pedían líderes y ayuda para luchar.
Podemos
concluir que si bien en varios de los textos y películas solemos ver que el
llamado para rebelarse iba dirigido a los hombres específicamente debido a que
eran ellos quienes trabajaban, si abrimos bien los ojos y analizamos estos movimientos,
podemos ver que fue un movimiento incluyente, en donde participaron esas manos
que sufrieron las consecuencias del capitalismo, manos que como bien se
mencionó anteriormente, no importaba de quiénes fueran ni su género, porque el
daño fue por igual.
REFERENCIAS:
Marx, Carl y Federico Engels, Manifiesto Comunista,
Ediciones Elaleph, 2000.
Gramsci, Antonio, “Primera parte”, en La formación de
los intelectuales, México, Grijalbo, 1967, pp. 19-58.
Stachka,
Sergei M. Eisenstein, Proletkult Production, URSS, 1925.
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