Revolución Industrial; no hay lugar para la consciencia

 

Por Iván O. Osorio Mondragón


El inicio de la Revolución Industrial marcó un cambio en el paradigma en cuánto a la forma en la que el ser humano resolvía dificultades, uno de los grandes aportes de este movimiento fue la importante y sin precedentes en la evolución de los medios de producción, elevando las cantidades que se elaboraban de productos transformándolos en una espiga del cambio estratégico que significo esta evolución para lo que posterior mente se transformaría en el naciente capitalismo. 

Esto trajo con ello, la hoy ya conocida movilidad, la migración por parte de los elementos que provenían de las zonas con menor densidad poblacional se vio rápidamente atraída por la cultura y enervante vida citadina, mismo que conformaría una sociedad velozmente interesada en la transición hacía lo que en sus pensamientos era una mejor vida, o por lo menos, una condición de vida más favorable a la actual. 

Si bien, esto significó la transición a zonas más pobladas, claramente confirmó un estatus de caos dentro de las zonas urbanas, mismas que en la necesidad de verse más aperturadas al cambio, también tuvieron la necesidad de aplacar el modo de transformación de la vida cotidiana, reflejando en la aparición de los productos de primera necesidad. Dichos productos condujeron un crecimiento exponencial en cuanto al requerimiento de suministros, tales cómo lo pueden ser la comida, vivienda y salud, razones por las cuales la manutención precisaba el avance y creación de nuevos elementos que ameriten y cubran estas necesidades. 

Si bien, hoy en día, la urbanización es una composición en concreto más referente a la relación entre gasto-habitante, podemos digerir con cierta premura que mucho del deterioro ecológico que se ha esclarecido en la sociedad actual puede devenir del avance tecnológico de aquellos años, mismo que apresuró (en todos los sentidos) un deterioro en la capacidad del planeta para poder cubrir la basta y alta necesidad de insumos que el ser humano sigue promoviendo para la creación ahora no solamente de similares relativos a las necesidades primarias, sino a la creación de lujos que en muchos casos demeritan un gasto inmenso, mismo que no requiere tal ramificación.

Es entonces que podemos definir una parte muy esencial de la forma en la que el ser humano hoy en día ha ratificado la destrucción de su entorno físico, pues ha sido por medio de la estratificación de elementos relacionados al suplicio humano que nos damos un vistazo del sinfín de consumo incontrolado que en los últimos 150 años ha transformado gran parte del planeta en tierra infértil que al momento no se ha tomado en cuenta el daño que significa para la vida, y eventualmente, el potencial que tiene cómo extintor de la vida humana.



Comentarios

Entradas populares de este blog

La influencia de la Ilustración en la Independencia de las 13 colonias de Norteamérica

El gorro frigio como símbolo de Libertad en la Revolución Francesa

El poder está en la calle y en el pueblo: la cultura de protesta en Francia