Un dolor interiorizado: Frankenstein y los bajos fondos

 

Por Matamoros Fernández Ximena

 

Todos hemos escuchado la frase “me veo como un monstruo”, una frase para aludir que nos vemos mal, desagradables, horribles… en sí, que no encajamos en los estándares de belleza de la sociedad. Entonces, ¿qué le pasaría a un monstruo de verdad que sólo busca amor, compañía y aceptación? Está feo y solo, y peor aún, ha sido catalogado como un ser de los bajos fondos, ¿qué es lo que le espera? Bueno, esta es la historia del monstruo del doctor Frankenstein.

          Empecemos con la autora. Mary Shelley nació como burguesa debido a ser hija de dos grandes figuras literatas. Creció siendo aceptada, pero también siendo presionada. Siendo hija de grandes escritores, no se esperaba menos de ella, y si a esto le sumamos que incluso en su vida personal e independiente se rodeó de aún más influencias en potencia, Mary Shelley sentía una presión constante; y aún más: Shelley era una mujer, y si bien su madre pudo salir a la fama a pesar de su género, para una mujer el esfuerzo debe ser doble. Entonces tenemos a una autora presionada, nerviosa y consciente de su minoría, ¿qué es lo que crea a través de sus palabras? Un monstruo solo, presionado y rechazado.

          Los bajos fondos son una creación de la burguesía, mandan hacia allá lo que no cumple con sus estándares, lo que no los representa, y esto viene acompañado de un estigma, un prejuicio perfectamente clavado en la visión de los burgueses: con sólo verte juzgan si formas parte de ellos o no. Entonces tenemos no sólo a algo aterrador y antiestético, sino literalmente a un monstruo. Este monstruo llega al mundo y como todo ser humano, busca aceptación de la sociedad, amor… pero se le niega, se le violenta y se le da la espalda. Es la sociedad prejuiciosa que le da la espalda a lo que no los representa o lo que no les sirve o agrada.

          Otra cuestión es que el monstruo de Frankenstein llega a la vida de una forma antinatural. Sabemos que en esta época va a existir un boom científico, los experimentos y nuevas ramas están a la orden del día, lo cual también influenció a su autora, pero estos nuevos descubrimientos científicos debían ser para ayudar a la sociedad, especialmente a la burguesía, ¿de qué les sirve un monstruo de dudosa procedencia que sólo atemoriza y rompe con el estigma perfecto de la sociedad? Estos avances eran para encajar en la sociedad, y el monstruo nunca podría hacerlo, fue condenado a vivir una vida en las sombras, ¿a quién no le dolería eso?

          Ahora bien, ¿qué pasa con este monstruo al que se le han negado los placeres de la vida, que sólo pidió compañía, alguien como él para encajar en su propia sociedad? Pues se volverá loca, irá en busca de venganza por su creador: quien sólo lo trajo a la vida para condenarlo a una vida de sufrimientos por un capricho científico, demostrar un punto. Esto es un símil a la vida contemporánea de Shelley, nacer era un juego entre encajar o no, y si no lo hacías eras un marginado, inútil, de bajos fondos. El sentimiento de desear no haber nacido por posición social era más común de lo que creemos. La misma autora vivió rechazo a lo largo de su vida a pesar de no ser de los bajos fondos, pero sí fue mujer, sí fue un talento que tardó en florecer, sí fue sujeta a la poca libertad de escoger pareja, entre muchas otras cosas más. Frankenstein es la representación de los sentimientos de rechazo del siglo XIX, así como el doctor Víctor Frankenstein, Mary Shelley creó su propio monstruo, un monstruo que cargaba las penas más profundas de su alma.

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