¿Y qué hay de la gente que no puede formar parte de este sistema? Frankenstein como reflejo de aquello desplazado

 

Por Reyna Flores Carrera

La obra de Mary Shelley, Frankenstein, nos habla de un ser creado a partir de partes de diferentes cadáveres que cobra vida, y que se convierte en un monstruo porque la sociedad lo rechaza. Tiene aún instintos humanos, en tanto siente el rechazo, en tanto tiene la necesidad de escuchar música y de ser amado. Pero la sociedad, le impone una estética, y ciertas expectativas, que él no puede cumplir, y al no hacerlo, la gente lo desplaza, y eso lo frustra, y se desquita matando gente.

Frankenstein es un reflejo de aquello a lo que la burguesía le teme: el crimen, la violencia, lo feo, lo que es anti natura. Él quiere encajar, aún tiene sentimientos, pero definitivamente no tiene los medios para hacerlo. No puede modificar lo que es, y no puede hacer que la sociedad cambie la idea que tiene de él. Los bajos fondos entonces, cobran sentido porque representan todo aquello que es depreciado por la sociedad burguesa, aquello que, dentro del mismo espacio, la ciudad, se quiere evitar, o incluso, erradicar.

Estos espacios, estigmas e ideas, existen porque hay un burgués que los cataloga de tal forma; ellos se crean espacios más seguros, con otro ambiente, y con otra gente, y dejan de lado a aquellos que no pueden acceder a estos lugares. Todos aquellos que conforman los bajos fondos: las prostitutas, los vagabundos, los pobres, los huérfanos, los criminales, etc., no tienen los medios para salir de este modo de vivir, es muy difícil porque se ha construido un imaginario colectivo de aquellas personas marginadas, a las que se les asigna adjetivos peyorativos y no se les da una oportunidad.

Entonces, ¿Qué hay de la gente que parece no encajar en este sistema? La burguesía se ha encargado de crear espacios para aquellos que no se ajusten, tales como las cárceles, presidios, hospitales, etc. A los mismos bajos fondos se les relaciona con ciertos espacios, como las calles, los barrios peligrosos, las alcantarillas, etc. Pareciera no haber un lugar dentro de otros espacios que no sean estos, a menos que tengan los recursos necesarios para salir y poder trascender.

Frankenstein nos deja claro que no cualquiera puede tener una oportunidad, salir de los bajos fondos, porque para eso, hay que tener de cerca los medios, los bienes, y la fortuna, para ascender socialmente, y lograr ser aceptado.

 

Referencias:

Kalifa, Dominique, “El surgimiento de los bajos fondos” en Los Bajos Fondos. Historia de un imaginario, México, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Instituto Mora, 1ª ed. en español, 2018, pp. 09-72.

Shelley, Mary W., Frankenstein O El Moderno Prometeo, México, Tomo, 3ª ed., 2002.

 

 

 

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